Moscú Hoy (II parte)
Hace algunos días Blogópolis publicó una nota que redacté en torno a diversas impresiones que he adquirido en las últimas semanas desde que me encuentro residiendo en Moscú contratado junto a un grupo de compatriotas por un medio de comunicación local. Ello se agradece desde estas lejanías.
A continuación, quiero compartir otros rastros que he advertido en esta ciudad. Si bien sé que en Chile ahora están abocados a la vorágine de las presidenciales, creo que pueden ser interesantes, fundamentalmente por la exigua información que llega hasta el cono sur sobre estas latitudes.
De acuerdo con diversas interpretaciones que he podido recopilar acá, las últimas administraciones rusas se han dado a la tarea de depurar ciertas prácticas del pasado con el fin de impulsar el desarrollo y progreso del país. En pocas palabras: a dos décadas del desmoronamiento final de los socialismos reales, hoy los rusos están empeñados en recuperar su categoría de potencia política y económica. Y probablemente puedan hacerlo: su poderío armamentista es de tal nivel que puede resultar “persuasivo” ante las reticencias de cualquier nación. Es cuestión de años para ver el alcance de tal estrategia.
En un ámbito complementario… Me resulta singularmente llamativo lo que sucede con la prensa escrita en Moscú. En Chile, todo el mundo se ve enfrentado a las portadas de diarios, ya sea por interés o algo episódico como comprar en un kiosco. Y ahí están, diciendo algo: un esbozo que traerá coletazos, un mensaje chillón, etc…
Pues bien, a los moscovitas parece no importarles lo que dicen los matutinos. Pasan, compran lo que necesitan y ya.
El periodismo ruso –no hay ni que decirlo- no es tan estruendoso como el nuestro, pero creo que ese no es el meollo del asunto. Me atrevería a decir –no soy cientista político ni pretendo serlo- que a partir de la perestroika aquí hay una suerte de renacimiento.
Pues bien, como la edad de una nación se contabiliza en siglos y no años, la población local rehace su existencia lejos de la crónica tradicional. Para ilustrarlo de modo concreto: en las semanas en que llevo viviendo en Moscú no he visto a ningún ciudadano comprar un diario o leerlo en espacios cotidianos –tipo metro, cafés, etc-. Puede inferirse que se informan por Internet, pero me parece improbable. Creo que tras su apertura al capitalismo a los moscovitas les interesa más TODO el mundo que enterarse de cómo se cuecen las castañas en casa. Lamentablemente, me imagino que la comparación puede resultar odiosa: los chilenos somos expertos –me incluyo- en mirarnos hasta el cansancio el ombligo.
100% doméstico
Pero como uno también “vive” en carne y hueso… déjenme contarles algunas anécdotas sobre el día a día en un país al que llegué con conocimientos rudimentarios de inglés y con el (“sabio”) consejo de un amigo: a todo lo que te pregunten, contesta “Stolichnaya…”, me dijo.
Se supone que vivimos en una “aldea global” ¿no? Un sitio mágico en el que todos podemos conectarnos con todos… Bueno, en teoría es así. Lo complicado surge cuando alguien llega a un territorio en el que conectarse no es tan “sencillo” como podría pensarse, ello sobre todo para el forastero. ¡No pueden imaginarse lo laberíntico que es acceder a Internet acá… si se desconoce el idioma!
Me explico: en el departamento en el que convivo con colegas usábamos un modem que compartíamos: lo que le daba a cada uno algunos minutos diarios. Ahora bien, de un momento a otro… se acabó la conexión. La razón: el contrato implicaba una duración de minutos limitada. Hasta ahí llegó el sueño de ser aldeanos globales.
¿Una solución? Tratar de cargar minutos en una suerte de “cajeros” que reciben dinero a nombre de las compañías telefónicas del mercado. Un pequeño problema: las opciones vienen en ruso. Otra alternativa: cargar plata con una visa en una página web… que también incluye todas las instrucciones en RUSO. Puede parecer lógico… ¿no iban a estar escritas en español? Pero he aquí que surge el real drama para el viajero que busca ingresar al ciberespacio. ¿Por qué no hacer como en Chile e irse a uno de los cientos de cibercafé que inundan las calles? Sería una opción, por supuesto… ¡Si es que en Moscú existieran cibercafés! Pero no los hay, no existen, al menos en el centro de la ciudad. Nada –reitero- nada parecido al tipo de locales que hay en Santiago. A lo más, algunos espacios en los que uno debe comprar una bebida o sándwich y así poder instalar el equipo personal y conectarse. ¿Cómo reconocerlos? Misión imposible para el recién llegado.
El subtexto es el siguiente: siquiera pensar –en una ciudad en que hay taxis Mercedes Benz…- en locales “públicos” que ofrezcan Internet es algo insostenible. Demasiado “huachaca”. Tal vez existan en otras zonas alejadas de Moscú ¿pero cómo llegar allá de noche y dar a entender lo que uno requiere si con suerte se ha aprendido a decir: “Da” (Si), “Niet” (No) y “Priviét” (Hola)????
Casi al final: el 4 de noviembre, Rusia celebró el “Día de la Unidad Nacional”. Por supuesto que se trata de conmemoraciones íntimas en las que uno no puede ni siquiera opinar. Aquí está en juego la tradición de un pueblo y ante eso mejor callar. Lo que sí les puedo contar es algo ante lo que ustedes mismos pueden sacar conclusiones. Un importante diario local sacó como titular una cita del presidente Dmitri Medvedev, cuya traducción aproximada es: “No hay escusa para el estalinismo”.
Y con esto me despido: como recién llegado uno busca cosas anecdóticas para comprar y llevarle a los amigos. Acá hay y de sobra. Pero uno –ingenuo- siempre piensa que lo ha visto todo. Yo, igual… Eso hasta que vi el tazón más insólito que he tenido frente a mí: era negro y con una imagen de Lenin pintado con colores rojos. El dedo del centro de la mano izquierda levantado y el siguiente mensaje: “Fuck revolution!”.
Así veo a Moscú hoy.

Yo estaría muy sonado en Rusia, ya que necesitaría algún cybercafé. Me imagino que tampoco saben de los cafes con piernas, jajaja.
Saludos
Estimado Francisco Ramirez:
He leído con atención e interés sus dos artículos sobre Moscú. Me han parecido buenos, verdaderos aunque un poco ingenuos (se lo digo sin querer ofender). Sería porque soy ruso y moscovita. Para mí todo eso es habitual. Conozco bien mi ciudad y la vida en ésta, estoy acostumbrado. Además, como por todas partes: hay cosas buenas y hay cosas malas. ¡Qué el Dios le guarde de las últimas! En realidad pienso que Usted ha captado lo principal: mucha gente en el extranjero todavía tiene en la cabeza viejos moldes estereotipados, pero últimamente aquí se cambió todo. Las personas también.
Y… ¡qué aprendan un poquitico el ruso! Creo que a mí eso me lo pasaría igual si yo llegara a China.
)
A propósito, con respecto a cibercafés no estoy del todo de acuerdo. Los hay pero no tanto cuanto quisiéramos. Pero al mismo tiempo son populares sólo entre muy jóvenes. Efectivamente, ahora cada uno quien desee, puede instalar la Internet en su casa propia. Y lo ha hecho la mayoría de mis conocidos, por ejemplo. Asimismo en el trabajo casi todos (los que trabajamos en oficinas) tenemos acceso a la Red. Hay muchos proveedores, el costo no es grande: como promedio de 300 a 600 rublos al mes (10-20 USD) en dependencia de la velocidad, la conexión es gratis.
A decir verdad, me interesaría llegar a conocer su opinion final cuando Usted pase en Moscú más tiempo, de ser posible salga al interior. ¿Se habría cambiado la primera impresión?
Finalizando le diré que sus notas, sin duda, serán útiles para sus compatriotas y otros habitantes latinoamericanos (en especial, los que planean venir acá) para formarse en cierto grado una nueva imagen de la Rusia de hoy. Lo que es cierto es que los osos no deambulan por las calles de la capital.
Espero leer la continuación.
Sin más, sinceramente, Eugenio Morozov.
Francisco, he leido tus comentarios sobre Moscu, los encuentro muy interesantes, y ademas , mas aun, si son escritos por un compatriota, y nos puede dar una idea de como es este lugra tan alejado de nuestro pais, pero si, lo siento muy cerca de mi, por alguna razon, que no es politica, bueno Francisco, un gran abrazo. Cristian.