Cuestión de fe
Recibo el e-mail de un amigo. Lo comparto con ustedes porque, aunque no conozcan su personalidad y buen corazón, creo que es un texto digno de análisis.
“Me gustaría dejar de creer en Dios durante un día”, comienza diciendo.
Artemio –nombre ficticio con el que bautizaremos a mi amigo- es cristiano y pololea hace ya casi cuatro años con Matilde (quien tampoco se llama así, por cierto). Me escribe para contarme que los esfuerzos que hace por no mantener relaciones prematrimoniales con ella son, a veces, casi sobrehumanos. “Es una cuestión de fe”, añade: “Tengo un montón de valores en los que creo firmemente. Pero a veces la carne tira y uno se replantea si todo aquello de ‘no hagas esto’ será cierto o no”.
No revelaré las ocurrencias sexuales que Artemio ha tenido, la cantidad de cosas que le gustaría poder hacer con Matilde. Me dice que “es difícil” creer en Dios, que es “complicarse la vida”, que él ve como muchos amigos son también felices “y hacen lo que no se debe”, y que por eso a veces se siente cansado, un pelín frustrado por “creer en lo que creo”.
Mi amigo, para tranquilidad de los lectores más conservadores, seguirá por el “buen camino” y su planteamiento, asegura, responde sólo a que “a veces pienso que es bueno preguntarse el porqué de lo que uno cree”. Y me cita a un santo cuyo no recuerda que decía algo así como que “lo valioso está en vivir como uno cree, para no terminar creyendo en lo que uno vive”.
El tema de la fe y los valores –cuyas repercusiones tienen múltiples consideraciones, incluso políticas (ya se vio el debate por la píldora)- es un campo de debate muy delicado. Se debe comprender que unos y otros necesitan ponerse en el lugar ajeno, empatizar con aquello en lo que uno no cree… o con eso en lo que uno ignora.
La pregunta que planteo entonces no es de llegar y responder: ¿alguien, con dos dedos de frente, puede creer que los creyentes (de la religión que sea) se privan de ciertos comportamientos sólo por “trancados” o por un conservadurismo vacío e idiota?, ¿no es más sensato pensar que aquello en lo que creen (llamémosle Dios o dios) les significa una fuerza que, a la larga –en lo que algunos llaman la “vida después de la vida”, que al parecer es eterna- vale la pena poseer aunque sea complicándose la vida?
Dicho en fácil: quizás no es comprensible pero sí admirable el ver a gente, como mi amigo Artemio, que vive lo que cree y no tan sólo lo predica.
¿Qué le respondí en mi replay electrónico a mi corajudo amigo? Preferí escribir esta columna y enviarle el link para que la lea y pueda escucharlos también a ustedes.
Es, finalmente, una cuestión de fe.


La fe no se entiende, se siente. La fe no se explica por razones sino por dogmas, y los dogmas no nacen del raciocinio sino de la iluminación de algún individuo elegido desde la deidad que gobierna su existencia. Por tanto simplemente hay que respetar las creencias del que cree y del modo en que se cree, tal como el cree debe respetar al que no.
Saludos sangrientos
Blood
Esto tiene que ver con el tema de la tolerancia en relación a los sistemas de creencia que la gente adopta. Porque éstos son adquiridos por las personas.
Nadie nace con una creencia dada o innata, sino que se adquiere mediante procesos de socialización desde la familia, la escuela, los círculos sociales, etc, y de la misma forma, uno puede –y en eso es clave la libertad- dejar un sistema y adoptar otro no por iluminación, sino por experiencias, por estudios, por convicción, etc.
Así, el choque se produce cuando por ejemplo, en una familia católica, uno de los hijos se declara agnóstico. Lo clave es la tolerancia.
Así como se debe respetar la decisión personal de tu amigo en cuanto a su decisión de abstenerse, se debe respetar la de otro que no toma el mismo rumbo.
Saludos
Como la fe es un asunto absolutamente personal, no hay mucho de lo que una persona externa pueda decir. Eso no significa que uno no pueda dar su opinión.
Yo tengo una frase, que la persona que es un verdadero cristiano va a entender. No se trata de tí, se trata de vivir para Dios.
Saludos.
Hay un excelente libro que, a guisa de novela, explica el por qué sí y el por que no de muchas decisiones en el ambito sexual de pareja. Es recomendable para todos, creyentes y la minoría atea: “Juventud en extasis”, de Carlos Cuauhtemoc Sánchez.
Las decisiones las deben tomar los sujetos según su conciencia, no en base a un libro lleno de lugares comunes…
Y por otro lado, el mundo no se divide en creyentos y “minoría atea”, hay más credos diversos, además de agnósticos.
Según el ultimo censo de 2002, en Chile el 70% son católicos, el 20% evangélicos, un 2% otras religiones y un 8% corresponden a personas que se autodefinen como ateos o agnósticos. Si eso no es una minoría, y bastante marcada, entonces no se que lo sea. Estas cifras, aunque le duelan a gente como SEK, son incuestionables.
Ahora, si un 46% de chilenos que en 2006 no queria a Bachelet como presidenta, tuvo que soportarla con sus errores y manias durante 4 años, no creo que sea mucho pedirle a un 8% de chilenos que no se crea con derechos a venir a imponerle su pensamiento ateo al 90% restante.
Y del libro, se nota que no lo has leido o, al menos, no entendiste nada.
El tema de la fe, al ser algo completamente personal, no puede ser rextrapolado al resto. Lo que yo creo y en lo que creo no debe ser instaurado para que el resto de la gente haga lo mismo. Ese es un problema que religiones como la católica equivocan en problemas como el de la Pildora del Día Después, al tratar de imponerle su visión al resto.
Saludos
Interesante el debate. Aunque lamento que este tipo de temas sea difícil de tratar sin calentarse y ponerse ofensivo.
Las estadísticas pueden decir mucho. Y se prestan para raras cosas.
Así, si un censo hubiera dicho que el 80% en el mundo era católico en X año, en ese dato incluían al padre Maciel, un ejemplo de católico.
Y no olvidemos que en Chile, la mayoría es católica a medias, o a su manera, o a la chilena…pero ya dije, la estadísticas puede decir muchas cosas.
Saludos
Por cierto que en el tema de la religión y de la Fé se han escrito ríos de tinta. No soy teólogo, pero sí católico. Todos los que hemos vivido y participado de nuestra fé hemos tenido las mismas cavilaciones que el suscrito: muchos han fracasado y terminan diciendo a modo de consuelo: “¡bah, qué tanto, si los tiempos cambian!”. Lo que es cierto. Pero lo que no cambia es la Fé: los dogmas que aprendimos desde el colegio son los mismos. Lo que pasa es que las influencias para doblegar nuestro intento por “dejar de creer” se refuerzan y ya, realmente, escuchamos muy a lo lejos alguna voz que clame en el desierto para nuestra contrición.
Uno puede tener caídas, dudas, fatigas. Lo crucial es reaccionar a tiempo, enmendar el daño causado y seguir adelante (esto lo aprendí de un amigo,que me debe un café).
Ahora, el tema sexual es uno de los más polémicos. Pero sin duda que existen otros: “si saco unas luquitas de la caja chica nadie lo notará, total a fin de mes las repongo”. Y así mil ejemplos.
Mientras leía los comentarios anteriores, salvo honrosas excepciones, me llamó la atención que daban su opinión en forma analítica: sin tomar partido. Cuando la Fé es todo menos analítica.
Desde que uno nace lo van introduciendo en la Fé ( la que sea). Ahora bien, cuando ya se está en la edad del discernimiento y realmente no le encuentra sentido a todo esto que le inculcaron sus padres, podrá tomar parte por otro destino. Eso es perfectamente legítimo. No obstante, lo que ocurre en la práctica es que muchos que se dicen católicos y enarbolan la bandera de la fé como garantía de sus futuros actos, luego ceden ante presiones sociales (políticas, también) y giran sobre sus talones.
En definitiva, uno puede seguir una determinada fé o no, lo único que se le pide es consecuencia. Es como si quisiéramos ser parte del Club de Rayuela, pero no estamos dispuestos a pagar la cuota mensual, por ejemplo.
Importante es no confundir fé con religión… una es absolutamente individual y espiritual, y la otra es una instituación que tiene el dudoso honor de ser una de las que más muerte y guerras ha causado en la história de la humanidad.
Saludos.
V
Claramente no hay que confundir. El tema es que la mayoría de las religiones -por varios motivos- tienden a autoconsiderarse como las únicas manifestaciones válidas de fe.