Dios y el Estado

El debate generado en torno al proyecto para regular las uniones de hecho, presentado por los senadores Allamand y Chadwick, lleva detrás un alto tinte conservador, no sólo desde quienes buscan promover un modo de vida desde la fe, sino también desde aquellos que lo hacen desde el laicismo, sólo que unos defienden a Dios y otros al Estado, pero ambos son más bien autoritarios y no reconocen la autonomía más profunda del individuo.

El sentido común nos indica que las relaciones interpersonales y sobre todo las afectivas, son aspectos que conciernen al espacio más íntimo de los individuos, pues se construyen y constituyen bajo ese dominio, y que por tanto nadie tiene la facultad ni la capacidad de entrometerse en este espacio personal -ni el Estado, ni la religión-.

En este sentido, así como las personas, las relaciones afectivas por ser entre personas, son variadas, únicas e irrepetibles. Sin embargo, aún así teniendo presente esto, es frecuente –y lo ha sido históricamente- que las personas traten de categorizar estructurar y guiar las relaciones humanas mediante diversos criterios, prejuicios y convicciones de diversa índole, ya sea religiosa, moral, racial, socioeconómica, cultural, educacional, nacionalista, e incluso genética.

De esa pretensión deriva otra habitualidad, que consiste en que “otros” se entrometan en esa decisión profundamente personal que implica elegir y establecer una relación afectiva, para que se establezca dentro de lo que se considera normal, aceptable, natural, virtuoso, evolutivo, tradicional o ideal.
Esa intromisión se produce de diferentes modos, ya sea en el rol de padres (cuya validez es mayor que cualquier otra, si es a modo de consejo y no prohibición o imposición); mediante autoridades de diversa índole, ya sea religiosa, escolar, clínica, profesional; o simplemente en la forma de gente indiscreta como vecinas conventilleras, amigos entrometidos.
En todas esas intrusiones se rompe con el espacio de autonomía del individuo, para “recomendarle” o muchas veces “indicarle” (e incluso prohibirle), qué relación y qué persona es o no correcta para sí, su felicidad, su futuro y su vida. En definitiva se rompe con su albedrío para pretender regular lo más íntimo de una persona, que son sus afectos.
Ese afán a nivel más amplio tiene un sustrato más oculto, relativo al poder, el dominio y la autoridad, y por el cual durante la historia muchos han apelado a ficciones diversas, como el pecado, la culpa moral, la pureza racial, la mantención de tradiciones, el temor al futuro (el fin de la humanidad) o la pirotecnia legal, para ejercer de forma extensa mayor presión sobre los afectos de los sujetos.

En definitiva, lo que se busca por medios de dichas ficciones es establecer el reconocimiento de la autoridad a nivel más profundo, el de la conciencia. Quien logra establecer el gobierno de las conductas y los afectos ha logrado el dominio total de los sujetos. Esa ha sido la pretensión histórica de algunas religiones y también de la mayoría de las ideologías.
Por lo mismo, esas ficciones no operan sólo en cuanto a un espacio externo de la intimidad del sujeto (su relación con otro), sino en cuanto a su propia conciencia. Es decir, si la recomendación y la ficción a nivel externo y en cuanto a su propio bien no surgen efecto, entonces se busca hacerlos sentir culpables de su decisión por hacer mal al resto de la sociedad.
En todos los casos, estas ficciones responden a intereses particulares diversos (dogmas, sistemas de creencia, ideologías, concepciones raciales, intereses económicos o políticos, tradiciones) que buscan enmarcan o hacer calzar determinadas concepciones particulares al comportamiento de los sujetos, y en ningún priorizan un bien colectivo –presente o futuro- menos aún un bien del individuo en cuestión.

Así por ejemplo, la ficción religiosa de que el matrimonio era válido sólo entre creyentes de una misma religión, servía en un primer momento para asegurar el número de fieles y de súbditos al monarca, pero también para aumentar las arcas de los líderes clericales y para proyectar su influencia futura en los hijos de los recién casados parroquianos.
Así mismo, el surgimiento del matrimonio civil a manos del Estado, nacido luego de los procesos de reforma y posterior secularización, fue una forma de quitarle poder a las Iglesias en cuanto a sus espacios de injerencia en la vida de los ciudadanos, pero también una nueva forma de disciplinar a esos ciudadanos, al establecer la idea de nacionalidad mediante ciertos requisitos para que la unión fuera del todo válida. El castigo se aplicaba en la prole, que no sólo corría el riesgo de ser ilegítima, sino también apátrida o sin territorio.

Los mismos tópicos giran en torno al debate generado en torno al proyecto presentado por los senadores Allamand y Chadwick para regular las uniones de hecho.
En dicha propuesta, donde no se distingue el tipo de convivencia, se contraponen ambas ficciones. Por eso conlleva un alto tinte conservador, no sólo desde quienes buscan promover un modo de vida para todos desde la fe, sino también desde aquellos que buscan regular esas formas desde el laicismo de la legalidad, sólo que unos defienden a Dios y otros al Estado, pero ambos son más bien autoritarios.

Desde ambos frentes –sea el religioso o el legal racional- se pretende regular y delimitar lo válido (o lo inválido) en cuanto a relaciones interpersonales. Desde ambos casos, se desconoce la humanidad del sujeto -sus afectos- más allá de cualquier autoridad, al prescribirles cierta conducta, modelo o régimen legal.

Desde ambos frentes, pero de modos distintos y sutiles, se busca establecer una autoridad, a partir del establecimiento o rechazo de un modus vivendi.
Como decía Bakunin, “No soy humano y libre yo mismo más que en tanto que reconozco la libertad y la humanidad de todos los hombres que me rodean. Un antropófago que come a su prisionero, tratándolo de bestia salvaje, no es un hombre, sino un animal. Ignorando la humanidad de sus esclavos ignora su propia humanidad”.

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16 Comentarios

  1. La primera idea que me surge al leer texto es que el autor no parece tener raigambre religiosa, ideológica ni familiar: nada lo ata.
    El articulista pretende criticar el proyecto parlamentario, desde la perspectiva del derecho a la libertad religiosa. Sin embargo, desde mi punto de vista, falla en el intento, toda vez que confunde libertad religiosa con libertad de conciencia.
    A más de ello, agrega como otro elemento a la discusión la autoridad que tienen los padres sobre sus hijos e, incluso el bien común. Conceptos que provienen de una raíz diametralmente opuesta a la que regula las uniones de hecho.

  2. Señor Machiavello:

    Si se quiere etiquetar el texto, digamos que es libertario.

    Bajo ningún punto de vista crítica el proyecto desde el enfoque de la libertad religiosa, pues la única libertad que se reconoce y defiende es la autonomía del individuo.

    De ello se deriva que tanto desde la religiosidad (DIOS) o desde la legalidad (ESTADO) se trata de controlar esa autonomía. He ahí porque en definitiva estamos ante dos formas autoritarias de dominio que pasan a llevar la única libertad defendible, que es la autonomía del individuo (donde se incluye todas las otras etiquetas, libertad de credo, de conciencia, etc).

    La pregunta es ¿Con qué legitimidad UNOS pretenden “regular” el libre acuerdo entre otros sujetos?

    Usted mismo parece seguir esos mismos patrones al decir que la autoridad de los padres y el bien común “provienen de una raíz diametralmente opuesta a la que regula las uniones de hecho”. Sería interesante saber a cuál se refiere pues probablemente es una de las dos autoritarias.

  3. Señor Machiavello:

    Si se quiere etiquetar el texto, digamos que es libertario.

    Bajo ningún punto de vista critica el proyecto desde el enfoque de la libertad religiosa, pues la única libertad que se reconoce y defiende es la autonomía del individuo.

    De ello se deriva que tanto desde la religiosidad (DIOS) o desde la legalidad (ESTADO) se trata de controlar esa autonomía. He ahí porque en definitiva estamos ante dos formas autoritarias de dominio que pasan a llevar la única libertad defendible, que es la autonomía del individuo (donde se incluye todas las otras etiquetas, libertad de credo, de conciencia, etc).

    La pregunta es ¿Con qué legitimidad UNOS pretenden “regular” el libre acuerdo entre otros sujetos?

    Usted mismo parece seguir esos mismos patrones al decir que la autoridad de los padres y el bien común “provienen de una raíz diametralmente opuesta a la que regula las uniones de hecho”. Sería interesante saber a cuál se refiere pues probablemente es una de las dos autoritarias.

  4. Señor Gómez:

    Le contesto con mucho gusto. Ud. pone al individuo en una posición sola en el mundo: de la nada apareció el sujeto ahí, solo. Esa parece ser su hipótesis.
    De otro modo, habría que entender que la persona es esencialmente social y por ende, deben regularse tales relaciones: ya venga del orden natural, ya venga del orden temporal con su consecuente positivismo.

    El plano que ud. aborda es, sin duda filosófico, ud. pareciere abordar el fundamento antropológico para regular uniones que debiesen estar en la esfera privada e íntima del ser humano.

    Concuerdo con ud. que cada persona es dueña de pensar y hacer lo que se le venga en gana. Conocido es el aforismo popular: “en mi casa soy el rey”. Pues ¡claro!. En su casa, dentro de los límites de lo que es propiamente e inalienablemente suyo nadie puede meterse. Pero ya traspasando el umbral del “portón”, de ahí para afuera, debe insertarse en la familia y, más allá, los preceptos de la ciudad, como diría Santo Tomás de Aquino.

    Toda esta discusión se enmarca, creo yo, en el Bien Común, entendido como “aquellas reglas de conducta que, conforme a la moral, acepta la conciencia general de un estado”.
    Basado en ese concepto, se dictan normas de Orden Público, entendido este último como “la organización considerada como necesaria para el funcionamiento general de la sociedad. Comprende la moral social, pero asimismo las ideas morales admitidas en una época determinada”.

    De lo que podemos colegir es que con este proyecto lo que se está transformando son las ideas morales que se tienen acerca de las uniones de hecho.

    La”legitimidad” que ud. busca está dada en el Bien Común, el que políticamente se cristaliza en la noción de Soberanía Popular y, consecuencialmente, al Estado de Derecho. Lo que daría para otro tema de discusión.

    Saludos.

  5. 1) No coloco al individuo en una posición sola en el mundo. Si lee la cita a Bakunin de hecho, es necesario reconocer que no estamos solos, sino ante otros seres iguales en cuanto humanos a nosotros. Lo que planteo es que la pretensión de regular relaciones es en sí autoritaria.

    2) La persona es social claramente, pero la sociedad –aunque sería bueno que definiera qué entiende por tal- no surge ni de la religión ni del estado, sino de libres intercambios entre sujetos. Pero eso no es sustento para decir que “deben regularse” esas relaciones.

    3) Lo que usted llama regulación son más convenciones sociales. O como diría Bentham, ficciones que los sujetos crean para ordenar sus intercambios. Pero éstas no son estáticas y por ende la idea de orden natural se hace inválida en ese sentido y con ello el orden temporal también. Las convenciones cambian, y entonces cambia el concepto de familia, el de ciudad, etc..

    4) Usted confunde la propiedad material con la propiedad sobre sí mismo. Yo fuera de mi casa sigo siendo dueño de mis asuntos. Lo único que traspasaría el “umbral” del que usted habla –que es un concepto ambiguo- es agredir o amenazar con el uso de la fuerza a otro. Un sujeto que establece una libre relación con otro, no arremete a nadie.

    5) De hecho, usted recurre a ficciones para argumentar. Así, el bien común es una convención social, es una ficción, mediante la cual se asigna un valor a ciertos bienes o conductas. Pero estas ficciones van contra la autonomía del individuo. Si acepta esa idea de conciencia general o moral colectiva, entonces ¿cuál es el límite a la dictadura de mayorías?

    6) Más aún ¿En qué afecta el “orden público” el tipo de relación afectiva que establezcan libremente dos o varios sujetos?

    7) Usted dice: “De lo que podemos colegir es que con este proyecto lo que se está transformando son las ideas morales que se tienen acerca de las uniones de hecho”

    Lo cierto es que a los únicos que les debe importar la idea moral que se tiene de su relación es a los propios participantes de ésta. A nadie más, ni al Estado, ni a la Iglesia, ni a la sociedad.

    ¿Se puede transformar la moral a través de la ley o la norma? En serio cree en eso.

    8) La legitimidad de las relaciones afectivas entre sujetos las dan los propios afectados. Nadie puede decir si esta u otra relación es legítima, menos mediante ficciones como moral social, bien común, conciencia colectiva.

    No olvide que debido a apelaciones a la “conciencia colectiva”, la “moral social” o la “conciencia general de un estado”, eran visto como inmorales, antinaturales e ilegales las parejas heterosexuales entre caucásico y de color. O sea, eran argumentos para sustentar algo tan despreciable como el racismo.

    En todo caso, ya entiendo su posición. La mía es clara, nadie más que los propios involucrados dan legitimidad a sus relaciones. El resto es ficción autoritaria.

    Saludos

  6. Cuando hablo de “mi casa”, aludo eufemísticamente a la propia conciencia. Todo lo que se haga fuera de “ella” es relación social.

    Saludos.

  7. Aún así, su eufemismo carece de lógica, puesto que las relaciones sociales, sobre todo las afectivas, se establecen incluida la conciencia, no fuera de ella.

    Podría darme un ejemplo de una acción de la conciencia aislada. Sólo puedo creer que se refiere a pensar. Pero esa es la mayor libertad que uno tiene.

  8. Excelente debate, no quiero decir ni pío.

  9. Si se habla de un proyecto de ley se refiere al marco legal respecto de dichas relaciones, y no a las relaciones como tal. Por mucha regulación (o ausencia de ella) si dos individuos deciden libremente compartir y compartirse, no habrá ley humana o divina que lo restrinja.

    Saludos sangrientos

    Blood

  10. Exacto, “Reconozcamos, pues, de una buena vez por todas,
    que los sentimientos del hombre escapan a toda reglamentación
    y que se precisa la libertad más completa para que pueda
    expandirse normal y completamente. Sed menos puritanos, y
    nosotros seremos más francos, más morales”.

  11. no podría haberlo expresado de mejor forma
    excelente columna, me alegro de que en este medio se estén publicando opiniones con puntos de vista alternativos como las ideas libertarias, saludos.

  12. Muy bonito el texto, pero hay que entender que el concepto de individualidad colisiona en forma natural con el concepto de sociedad, y en es en este entorno que se deben establecer las odiosas normas y reglamentos a fin de garantizar una coexistencia razonable a nivel colectivo dentro de un envase llamado país.

    Como decía el Dr.Spock “el bien colectivo de muchos supera al bien individual de uno” racional, y poco popular, pero efectivo.

    Saludos.

    V

  13. Entonces, debo entender bajo su prisma que si un hombre de 40 años embauca y enamora a una adolescente de 14 años y logra que ella se fugue de su casa, sus padres no están legitimada a velar por la seguridad y el bienestar de su hija y a requerir la acción de la justicia, porque la raíz del problema sería una acción consensuada.

    Creo que ser “libertario” a ultranza, como lo es ud. es postular la indefinición misma. De algún punto tenemos que partir, algún consenso mínimo debe existir para que podamos construir la sociedad. Si no existe eso, es imposible que el hombre viva con otros hombres.
    Ahora, si el consenso es “el autoritarismo de la mayoría” para ud. Bueno, quiere decir que ud. ve el vaso medio vacío.

    Saludos.

  14. V de Vendetta:

    El ser humano está constituido por lo que Kant llama la insociable sociabilidad. Es claro que el individuo debe establecer normas para vivir en sociedad, pero su único fin es preservar la vida, la libertad y la propiedad.

    Sería bueno que me dijera en términos concretos en qué afecta la vida, la propiedad o la libertad de otro, el que XY persona sienta afecto por otra XY persona y quiera vivir con ella.

    ¿Alguien tiene derecho a decir si es legítima o no esa unión?

    C. Machiavello:

    El ejemplo de la niña es complejo.

    Pero hay varios puntos a discutir:

    a) Si la ley establece que una persona de catorce años es imputable penalmente y tiene discernimiento ¿Por qué en otros casos, con los mismos catorce años, hablamos de embaucamiento?

    b) Lo claro es que si la joven opta libremente, sin coacción, los padres sólo podrían aconsejarla ¿Podrían encerrarla en su pieza por seis meses acaso, mandarla lejos, o encadenarla a la cama o colocarle un cinturón de castidad?

    c) Como padre, probablemente haría pedazos al tipo a golpes, trataría de alejarlo. La pregunta es si eso es legítimo si mi hija consistió e insiste en sus actos, y eso tiene relación con la pregunta 1.

    Por otro lado, sería bueno saber qué entiende usted por libertario a ultranza, pues el ideario libertario no contempla la falta de normas, ni la eliminación de la familia (“es en la familia donde el hombre normalmente se sacrifica por el hombre, donde realiza el bien por el bien, sin desear otra compensación que el amor de la compañera y de los hijos”).

    Lo que se plantea más bien es la menor intromisión y coacción de la autoridad en la vida de los individuos y la no agresión por parte del gobierno o cualquier otro grupo organizado.

    Usted confunde y mal entiende la idea de consenso mínimo, con la imposición de una escala de valores, un modus vivendi o una moral determinada única para todos. Lo cierto es que la única moral que debería existir en la sociedad es la no agresión, el respeto mutuo y el respeto por la autonomía del individuo (libertad de pensamiento, de credo, de conciencia).

    Un desafío: Si en veinte años más a la mayoría del país le desagradarán los pelirrojos, y estos fueran minoría ¿Sería legítimo que por consenso, se les prohíba casarse con el resto?

  15. Una cosa es el tema legal, que si debe ser regulado, por temas de herencias, bienes, etc, de manera que si falta alguno de los integrantes de la pareja o bien se produce una separación, no haya un perjuicio para la otra persona.
    Sin embargo las leyes no pueden dominar los sentimientos de cada individuo, y no veo que esta ley que se quiere discutir vaya en esa dirección.
    Saludos

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