Ambivalencia

“Chile fértil provincia señalada, en la región antártica famosa…” reza el canto primero de la obra de Alonso de Ercilla que intentaba, en el siglo XVI, definir a esta tierra que nos cobija. En mis años de vida (muchos o pocos dependiendo de la escala individual que cada cual aplique) me he convencido que una de las mejores descripciones para nuestra sociedad actual es la palabrita con la que titulo este post: ambivalencia.

Ya he tocado este tema en uno de mis blogs, de un modo más lúdico eso sí. Y me quiero referir al tema acá porque en esta época del año se manifiesta en mayor grado. O andamos más sensibles, o el cambio de horario aún nos afecta, o las alergias nos tienen locos, o el hecho de acercarse la mayor fiesta consumista del año nos tiene estresados, pero algo hace que nos pongamos más quisquillosos respecto de lo que queremos y cómo lo queremos.

Hasta ahora me dado varias vueltas pero sin aterrizar el asunto: ¿a qué me refiero con ambivalencia? Como la otra vez fui increpado por referirme a las definiciones de las palabras según el diccionario de la RAE, lo voy a plantear con simples ejemplos:

QUIERO
* Que mi celular tenga cobertura en todos lados
* Que no haya basura en la calle
* Que no corten el gas de cañería

PERO NO QUIERO
* Que instalen antenas para celulares
* Que hagan estaciones de transferencia de basura
* Que hagan estaciones de respaldo de gas

Sé que existen muchos más, pero no quise abundar en ellos. Llámenlo del modo que quieran, pero por algún motivo nos encanta tener los beneficios sin pagar los precios necesarios para ello; queremos tener derechos sin deberes; queremos estar en las buenas y desparecernos en las malas; en resumen, nos gusta sólo el lado ancho del embudo, pese a saber que la vida jamás será así. No les voy a pedir que pongan ejemplos propios (eso lo hice en mi blog hace un año), pero si me atrevo a invitarlos a hacer como que pensamos: ¿será posible un mundo donde sólo haya ganancias, y no costos? Saludos sangrientos.

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6 Comentarios

  1. Saludos al Hematofago, jojojjo, en realidad como tú bien planteas, Chilito en sí es una Ambivalencia, queremos muchas regalías pero pocos (o cero) deberes, queremos un aumento de sueldo, pero no queremos trabajar tanto, en fín, no existe página que awante toda la ambivalencia shilensis, para querer algo, hay q sudar la gota gorda, por que así se les toma mucho mas valor y queda (en mi caso) con una sensación agradable de victoria, de satisfacción de poder hacer las cosas como corresponde y conseguir lo que se quiere, pero hay que partir de abajo, de los cabros chicos, desde ahí hay que partir con esto de evitar la ambivalencia, saludos Doc….

  2. Dificil que se pueda ver algo como lo que planteas en la pregunta, Blood, ya que siempre un derecho está asociado a una responsabilidad y las ganancias a los costos. Pero en Chile nos gusta solo la parte buena. Por ejemplo hablamos de las mierdas de políticos que tenemos, pero no hacemos nada para cambiarlos.
    Saludos

  3. Absolutamente acertado, mi sanguinoliento amigo. A diferencia de los países “más” desarrollados, donde todos saben y asumen que para alcanzar el bien general muchas veces hay que sacrificar algo particular o personal, acá la gente es una convencida de que todo tiene que llegarle no más, sin preguntarse cómo. Puedo comprender que a uno no le guste tener un basurero (estación de transferencia de basura) a 100 metros de su casa… en serio que sí. Pero no puedo entender que por ejemplo, nadie entienda que para que haya menos delincuencia, menos pobreza, menos desigualdad, la cosa debe pasar por pagar más impuestos. Talvez alguien me dirá que si los políticos o el gobierno no fueran tan ladrones felices aceptarían, pero sabemos que es una falacia, porque nunca ha sido así y también porque como dice el Dany más arriba: no nos damos ni el trabajo de hacer nuestra pega en lo que nos compete con respecto a los políticos y el gobierno.
    Sólo servimos para quejarnos (el eterno mal del chileno), y para mi, todos son parte del problema, mientras no sean parte de la solución.

  4. Se lo dije a mi familia en una comida, excatamente lo mismo.

  5. Gracias por sus comentarios. ¿Qué podemos hacer entonces para que los políticos, que mal que mal son nuestros “representantes”, incorporen en su diatriba la palabra “deber” en una proporción justa con la palabra “derecho”? Tarea para la casa, a mi no se me ocurre.

    Saludos sangrientos

    Blood

  6. Yo creo que la solución a la ambivalencia es re simple: Educar.
    Muchos de nosotros, los chilenos, creemos que libertad es hacer lo que se nos de en para hacer, exigir lo que queramos exigir, y que no importa los costos asociados o si pisamos el metro cuadrado del otro.
    Libertad, a mi juicio, implica el derecho de decidir (lo que sea, en el ámbito que sea), entendiendo de que aquello que decido tiene un costo y un beneficio. Es decir, y tomando el ejemplo que dio Blood, no puedo decidir exigir que mi celular tenga mejor cobertura, si no estoy dispuesta a aguantarme una antena en mi patio, o en el del vecino. Pero tampoco, porque estoy dispuesta a asumir las consecuencias de la antena en mi patio, puedo pasar a llevar a mis vecinos imponiéndoles la mentada antena, si a ellos también les va a afectar.
    Consenso también es un concepto clave en todo esto. Respetar para ser respetados y así lograr acuerdos que nos lleven a puntos medios donde todos nos beneficiemos (o, por lo menos, no salgamos tan cagados con la situación).

    Y respecto a tu pregunta en el post inicial “¿será posible un mundo donde sólo haya ganancias, y no costos?”, personalmente creo que no, porque en este mundo en el que vivimos, cada cosa, cada beneficio, tiene su costo.

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